
Una joya del romanticismo alemán. Significó el primer best seller en la Europa del s XVIII; ¡hasta Napoleón se declaró ferviente admirador de esta obra!. En cambio, su autor, Goethe, no estaba tan orgulloso de su novela de juventud, quizás por el "efecto Werther" que generó: miles de jóvenes de la época comenzaron a vestirse como el protagonista y a suicidarse por amor. Esta novela tiene mucho de poética, su estilo epistolar (y algo autobiográfico) contribuye a ello, amen de la subjetividad más íntima en la que está redactada la obra. A destacar, los sentimientos del protagonista y su relación con la Naturaleza (algo típico del romanticismo para reflejar el estado psicológico de los personajes). Él ánimo de Werther pasará (como veremos) por diferentes estadios; su pasión y deseo por Carlota le llevará finalmente a tomar una difícil decisión: el suicidio. Y en este punto me detendré, pues la obra, a parte de ser un alegato al amor inalcanzable, hace una interesante reflexión sobre la legitimidad del suicidio.
Analizaremos a continuación cómo se produce la transmutación del joven Werther hasta su fatal desenlace.
1. La capacidad de amar de Werther.
Werther es un joven burgués que decide retirarse a un bucólico lugar (Wahlheim) donde poder reponerse de la muerte de Leonor, la que fuera su amiga de juventud. Si bien Werther sólo quiere disfrutar del presente y leer a los clásicos (Homero), se cuestiona algo muy propio de los románticos: ¿qué es el corazón?. El autor introduce un ingrediente que va a ser fundamental en toda la novela: la capacidad de amar de Werther; que, como veremos, se convertirá en un amor desmedido y enfermizo.
"4 de mayo 1771 ¿Qué es el corazón del hombre?Quiero disfrutar el presente, y lo pasado será pasado para mí. La soledad es un bálsamo precioso para mi corazón en este lugar paradisíaco, y la estación de la juventud calienta con toda riqueza este corazón que se estremece tan a menudo.
10 de mayo. Estoy tan completamente sumergido en la sensación de existir en paz. Cuando luego oscurece entorno a mis ojos, y el mundo a mi alrededor y el cielo reposan en mi alma como la forma de una amada, entonces, muchas veces siento anhelo.
13 de mayo. Jamás has visto nada tan desigual, tan inconstante como este corazón. Yo también tengo a mi corazón como un niño enfermo: le concedo todo lo que se le antoja."
"Amar es humano", le dice a su amigo Guillermo en una de sus cartas. Werther siente que su corazón está hecho para amar y, aunque en esos momentos no tiene a nadie, su corazón lo anhela. Esa persona no tarda en llegar. Pronto Werther dará cuenta de ello. El 16 de junio escribe: "he conocido a alguien que afecta muy certeramente mi corazón. Estoy contento y feliz. Qué perfecta es. Me ha apresado todos sus sentidos. Tanta sencillez con tanta inteligencia, tanta bondad con tanta firmeza y la paz del alma en la vida verdadera y en la actividad".
2. Su amor platónico: Carlota.
Goethe nos presenta a una hermosa Carlota, de "estatura mediana", "ojos negros", "vivaces labios" y "frescas y animadas mejillas", que lleva un sencillo "traje blanco con lazos rosa en las mangas y en el pecho". Lo realmente significativo en Carlota es el efecto de idealización que provoca en Werther: "toda mi alma quedó en reposo ante la figura", "su cuerpo es una armonía", "ojalá hubieras visto cómo te divinizabas con esa mirada". Werther se enamora después de bailar con Carlota. La ama desde ese preciso instante y le jura amor eterno. Aquí dará comienzo en la novela una dialéctica amatoria que pasará desde el entusiasmo, la exaltación y el vigor vital, a la más completa desesperación, pues a Werther mantener ese juramente le va a costar un hondo sufrimiento.
A lo largo de la novela también vemos la lucha de la joven Carlota por no sucumbir a sus deseos de amar a Werther, pues en el fondo sí es un amor correspondido, aunque imposible al estar ella comprometida. He ahí la tragedia. En varias ocasiones, Carlota le pide a Werther que controle su apasionamiento, como así se describe en este pasaje donde Carlota personifica la razón frente a la pasión del joven:
"Werther, usted puede y debe volvernos a ver, pero modérese. Oh, por qué habrá nacido con esa violencia, con esa pasión incontestablemente apresurada por todo lo que le ocurre una vez. Le ruego -tomándole la mano- sea un hombre. Aparte este triste afecto de una criatura que uno puede hacer más que compadecerle!. ¿No nota usted que se engaña a sí mismo, que se va a aniquilar con su deseo?, ¿Por qué a mi, Werther?. ¡Precisamente a mí, que soy propiedad de otro!. Temo, temo mucho que sea solo la imposibilidad de hacerme suya lo que le hace tan excitado su deseo.
Carlota, en el fondo de su corazón, no quiere que Werther deje de visitarla, incluso fantasea con la idea de que sea su hermano o el marido de alguna amiga suya para tenerlo siempre cerca. Finalmente, entre Werther y Carlota habrá un encuentro amoroso al final de la novela, cuando él (antes de suicidarse) acude a despedirse de ella, y después de leerle unos poemas, se besan apasionadamente. Goethe nos los narra con gran belleza: "las lágrimas de Carlota interrumpieron los versos de Werther, estrechó su mano y lloró. La conmoción de ambos era terrible. Apretó la mano de Werther y la estrechó contra su pecho. Él la estrechó entre sus brazos y cubrió sus labios con ardientes besos".
Ese encuentro será el último punto de giro de la novela. Carlota sentencia: "¡Es la última vez, Werther!. No me volverá a ver". Y él responde: "¡Adiós Carlota!, ¡Adios para la eternidad!."
3. La debilidad de Werther.
Al poco de conocer a Carlota, nuestro protagonista comienza a perder la razón: "yo no sé si es de día o de noche, y el mundo entero se pierde a mi alrededor" (19 de junio). Días después, en otra carta a su amigo Guillermo (21 de junio), después de hablarle de los bosques, colinas y valles, a los que el protagonista se siente muy unido, le confiesa su propósito amatorio: "entregar nuestro entero ser, dejándonos llenar por toda la delicia de un único, grande y espléndido sentimiento".
Para Werther, su amada Carlota es la razón de vivir: "oh ángel mío: ¡por ti tengo que vivir!."(1 de julio); una figura divina, auxiliadora; el elixir de la felicidad y el bálsamo de su dolor, que provoca en el propio joven un estado de ataraxia (psicológicamente, el estado anímico de Werther va a tener un peso muy relevante en la obra): "en esos ojos negros leo una auténtica simpatía por mi y por mi suerte. Sí, lo noto. ¡me quiere! me adoro a mí mismo desde que ella me quiere!.". Sin embargo, no debemos olvidar algo: Werther es débil. Esa debilidad la pone de manifiesto Goethe en una carta fechada el 13 de julio:
"Ay, qué es lo que siento correr por mis venas, cuando mis dedos tocan al descuido los suyos, cuando nuestros pies se encuentran bajo la mesa! cuando al hablar pone su mano en la mía, y se acerca a mí interesada por la conversación hasta que el hálito celestial de su boca puede alcanzar mis labios...creo desplomarme, como tocado por el rayo. Mi corazón es débil, muy débil".
La melancolía (más bien, la debilidad) que siente el protagonista está intrínsecamente relacionada con la idealización de la amada. En un proceso psicológico de divinización de la persona de Carlota, por contra, el protagonista sufre un proceso de infravaloración de su propia persona. Algo que será -como hemos dicho antes- determinante para el final trágico de la obra, dado que Werther se entrega enteramente, sin matices, sin reservas, sin límites, a su amada Carlota. Sin ella, como él mismo reconoce, vivir no tiene sentido. No hay otro amor que Carlota. En palabras de propio Werther: "¿qué es para nuestro corazón el mundo sin amor?".
4. Los celos de Alberto.
He aquí que aparece en escena un nuevo personaje: Alberto, el prometido de Carlota. Y con él llegan los celos de Werther; el germen de su desdicha: "se acabó mi alegría de estar con Carlota. ¿He de llamarlo locura o ceguera?. (30 de julio)". Werther siente escalofríos por todo su cuerpo cuando ve a Alberto estrecharla por su esbelta figura y se cuestiona si ella es realmente feliz con él, y si él es el hombre indicado para ella: "¡Ella hubiera sido más feliz conmigo!. Él no es el hombre que puede saciar todos los deseos de ese corazón". Werther se llega a plantear a lo largo de la novela qué sucedería si Alberto muriese (no es la primera vez que fantasea con la muerte).
Sin duda, Werther se considera mejor y más apropiado para Carlota, pues su amor no es comparable al de Alberto: "algunas veces no comprendo cómo ella puede amar a otro, cómo le es posible, cuando solamente yo la quiero a ella de manera tan íntima, tan entera, y no conozco otra cosa, no sé nada, no tengo más que a ella".
5. De la melancolía a la locura.
La locura del joven Werther va adquiriendo mayor protagonismo a lo largo de la novela: "podría tener una vida mejor y más feliz si no fuera un loco", dice el propio Werther. ¿Y por qué se considera Werther un loco?. Sencillamente porque, en principio, se resigna ante un destino inevitable. Carlota pertenece a Alberto (a quien, por otro lado, le considera "la mejor persona que hay bajo los cielos" y comienza a fraguarse entre ellos una cordial amistad), y para Werther esta situación es miserable: "muchas veces quiero desgarrarme el pecho. El amor no me lo dará la otra persona. No daré felicidad a otra persona si está ante mi fría y sin vigor. Sin ella todo se me vuelve nada." (27 de octubre).
En un momento de la novela, el protagonista reflexiona sobre cuál es el destino de los hombres y qué es la felicidad (otro elemento característico del romanticismo) y concluye que el hombre, cuando pierde la razón, es feliz: "¡Dios del cielo!, ¿has puesto como destino a los hombres que no sean felices sino antes de tener uso de la razón o cuando la pierde?"(30 de noviembre). Luego, la locura es lo más próximo a la felicidad del hombre. Y es que para Werther la razón no trae más que desdicha, pues siendo racional, su amor hacia Carlota no tendría sentido. Admitiría que pertenece a Alberto y asumiría su derrota. En cambio, ese amor no conoce de lógica ni de razón. Y su deseo de poseer a Carlota está por encima de cualquier raciocinio humano.
Es de destacar también que en su locura, Werther se siente solo, desamparado. Ya no sólo desaparece cualquier atisbo de razón, sino incluso de sentimiento religioso, algo que también tendrá que ver con el hecho de acabar con su vida: "¡Padre a quien no conozco! ¡Padre que antaño llenabas toda mi alma, y ahora has apartado de mí tu rostro!. Esta alma sedienta no soporta tu silencio".
6. La idea de suicidio.
Llegamos al punto del suicidio (muy relacionado con la locura). En un momento de la novela, Alberto y Werther hablan sobre ello:
"-Alberto: Solo de pensarlo siento repugnancia.
-Werther: ¿habéis examinado la situación intima de una acción?. ¿Sabéis determinar con precisión las causas por las que ocurrió, por las que tuvo que ocurrir?. Si lo hubierais hecho, no seríais tan precipitado en los juicios.
-Alberto: un hombre al quien le arrastran sus pasiones, pierde toda su fuerza de sensatez, y se le considera como un borracho, como un loco.
-Werther: Ay de vosotros, las gentes razonables!. Ahí estáis tan tranquilos, sin comprenderlo, los hombre morales. he podido comprender cómo todos los hombres extraordinarios que han hecho algo grande, algo que parecía imposible, tenían que ser tachado, siempre, de borrachos.
-Alberto: comparas el suicidio, de que ahora se habla, con las grandes acciones; pues no se puede considerar sino como una debilidad.
-Werther: ¿a eso le llamas debilidad?. Te ruego que no te dejes engañar por la apariencia. un pueblo que gime bajo el yugo insoportable de un tirano ¿lo puedes llamar débil si estalla por fin y romper sus cadenas?. Aquí no se trata de si uno es débil o fuerte, sino sobre si puede sobrellevar la medida de su sufrimiento, sea corporal o moral. Es cobarde el hombre que se quita la vida, como sería inoportuno calificar de cobarde a quien muere de una fiebre maligna. La Naturaleza resulta tan atacada al espíritu, le priva de toda fuerza tranquila de sus sentidos, haciéndole sucumbir".
Es interesante cómo frente al racionalismo y a las convicciones morales de la época, Werther califica el acto del suicidio con una enfermedad, utilizando el siguiente silogismo: para quien está enfermo (en su caso, de amor), el suicidio no es acto de debilidad o de locura, luego el suicidio es una consecuencia natural. De esta manera, tan hábil, legitima lo que para Alberto es un acto repugnante. El suicidio ya no es, a los ojos de Werther, un acto vil y cobarde, sino simplemente parte de ese destino inevitable (el mismo que Werther se niega en principio a aceptar). Para Werther, cuando el destino se presenta con "fuerzas enredadas y contradictorias", no hay otra salida que morir.
El día de su cumpleaños recibe un regalo de Alberto envuelto con los lazos rosa que llevaba Carlota cuando la conoció. Los besa con fervor. Pero el sufrimiento sigue ahí, latiendo al compás de su corazón. El protagonista comienza a reflexionar sobre él, y de nuevo aparece el suicidio como la única y trágica solución: "¿A dónde va esta tumultuosa pasión sin fin?. Todo el mundo a mi alrededor lo veo solamente en relación con ella. A esta desdicha no le veo otro fin que la tumba". (30 de agosto).
Ese deseo por la muerte sigue latente en toda la novela, en constantes reflexiones que hace Werther cuando se cuestiona su vacío existencial y su levedad:
"¡Este horrible vacío que siento aquí en mi pecho!. A estos muebles con que ahora tengo tanta amistad, incluso con este tintero, y pienso: mira lo que eres ahora para esta casa: todo en todo. ¿Si te fueras ahora, si te separases de este círculo?. Ah, el hombre es tan transitorio que aún donde tiene auténtica conciencia de su vida, donde hace la única impresión auténticamente verdadera de su presencia, en el alma de las personas que le quieren, allí debe también desaparece, extinguirse, muy pronto!". (19 de octubre).
"¡Bien lo sabe Dios!, muchas veces me acuesto con el deseo y aun a menudo con la esperanza, de no volver. despertar: y por la mañana abro los ojos, vuelvo a ver el sol siento mi desdicha. Y este corazón ahora está muerto; mis ojos están secos, y mis sentidos, ya no son aliviados por lágrimas vivificadoras, hacen nublarse angustiosamente mi frente. sufro mucho; pues he perdido lo que era la única delicia de mi vida. Esa Naturaleza espléndida se me presenta tan yerta". (3 de noviembre)
"No es sino destino del hombre soportar su suerte y apurar su cáliz". (15 de noviembre).
Goethe utiliza, como buen romántico, la Naturaleza para representarnos el estado psicológico de su protagonista en esta etapa de la novela, adjetivando su estado y utilizando la alegoría para anticiparnos lo que será el final de Werther:
"Es una desconocida cólera interior que amenaza desgarrar mi pecho, y que me oprime la garganta. deshielo inundando mi querido valle. Me invadió un escalofrío y, de nuevo, un anhelo. Me perdí en la delicia de precipitar mis tormentos, mis dolores, de perderme mugiendo como las olas. Con qué gusto habría entregado mi humanidad para desgarrar las nubes con ese viento tempestuoso, y abrazar las olas". (12 de diciembre).
7. El sufrimiento de Werther.
Para Werther lo único importante sigue siendo el amor por Carlota: "en el mundo lo único que hace necesario al hombre es el amor". (15 de agosto). Y su amor por ella no declina, no vence, si bien el protagonista sigue transmutando, desde la melancolía al sufrimiento, cuando se cuestiona que la fuente de su dicha es, a la vez, la de su desgracia.
Felicidad y desdicha convergen en la persona de Carlota. Para Werther, su vida es una "tumba abierta eternamente". Aquí comienza el autor a tratar el tema que da título a la obra, el sufrimiento del joven Werther: "Todo el cálido sentir de mi corazón convirtiéndome alrededor el mundo en un paraíso, ahora se me convierte en un tormento insoportable, en un espíritu de sufrimiento que me persigue por todos los caminos".
Werther vive una inquieta laxitud, sin sentimiento por la Naturaleza, sin ánimo de leer ni de pintar: "Como la naturaleza se inclina hacia el otoño, así se hace otoño en mí y alrededor de mí" (4 de septiembre). Y decide poner tierra de por medio y emprender un viaje a las órdenes de una antipático embajador. Se despide de Carlota, diciendo "Aquí y allá (refiriéndose a la muerte), nos volveremos a ver".
Durante un tiempo, Werther empieza a sentirse bien pero una noticia le termina conmocionando, a pesar de su aparente estoicismo: "vuestra boda, Alberto. Sé que también estoy entre vosotros, sin mengua para tí, en el corazón de Carlota, sé que tengo allí el segundo lugar, y quiero y debo conservarlo" (20 de febrero). Finalmente, decide regresar al lado de Carlota, no soporta la distancia.
8. El final trágico.
A su regreso, Werther, siente que Carlota aún lo quiere. El 21 de noviembre le escribe a su amigo Guillermo que Carlota le ha llamado "querido Werther", y más tarde, el 24 de noviembre, que su mirada le ha atravesado profundamente el corazón. Sin embargo, volvemos a su sufrimiento: es un amor imposible. "¿por qué no pude responder con mil besos, abrazado a su cuello?. yo no resistí más, me incliné y juré: nunca me atreveré a estampar en vosotros un beso, oh labios en que me ciernen los espíritus celestes... y sin embargo... quiero".
El 4 de diciembre, Werther toma la fatal decisión: "se acabó conmigo; ¡no lo soporto más!", cuando queda a su vista el anillo matrimonial de Carlota (símbolo de la imposibilidad de su amor). Nuevamente, el 14 de diciembre repite: "mi amor por ella ¿no es el amor más alto, más puro, más fraternal?. Se acabó conmigo".
El 20 de diciembre se despide de su amigo Guillermo y, por mediación de él, de su madre a quién le pide que rece por su hijo y le perdone. Werther decide escribirle a Carlota:
"Está decidido Carlota, me voy a morir, y te lo escribo sin conmoción romántica, en la mañana del día en que te veré por última vez, este desdichado que no conoce mayor dulzura en los últimos instantes de su vida sino conversar contigo. No es desesperación, es certidumbre de que he soportado lo que me tocaba y que me sacrifico por ti. Sí, Carlota. ¡Uno de los tres tiene que desaparecer, y voy a ser yo".
Como ya anunciábamos antes, Werther justifica o legitima el suicidio como una consecuencia natural de su estado (amor = enfermedad) y lo ensalza además como un acto heroico hacia Carlota al calificarlo de "sacrificio por ti".
Cuando acude a despedirse de ella y ambos se besan (como así hemos relatado en el punto relativo al amor platónico de Carlota), Werther hace un último alegato a su amor sin medida, llevándolo a cotas espirituales, donde, en el más allá, en el paraíso, se encontrarán para ser libres y felices (idea mitológica):
"¡Me quiere, me quiere!. Todavía arde en mis labios el fuego sagrado que brotaba de los suyos. Estos brazos la han estrechado, estos labios han temblado junto a los suyos, esa boca ha balbuceado sobre la suya. ¡Es mía!, ¡eres mía!. Sí, Carlota, para la eternidad. Hasta que tú llegues; y saldré volando a tu encuentro, y te abrazaré y quedaré contigo en eterno abrazo a la vista del Infinito. ¡Existiremos! ¡nos veremos otra vez!. Me he encadenado a ti para siempre".
Werther también se despide de Alberto por carta, a quien le confiesa que ha perturbado la paz de su casa, y le implora perdón, rogándole hacer feliz a Carlota. Será el propio Alberto quien le deje sus pistolas a Werther para un supuesto viaje, siendo significativo en este punto de la novela que Carlota, antes de entregar las pistolas, las limpia cuidadosamente sabiendo que son para Werther, quien, al recibirlas, las acaricia con nostalgia.
Y llega el acto final. El 24 de diciembre, a las doce la noche, Werther se dispara en la cabeza con una pistola, dejando escrito sus últimos deseos:
"He de agradecer a Dios que me otorgue este calor y esta fuerza en los últimos momentos. En el atrio de la iglesia hay dos tilos, atrás, en el rincón hacia al campo: allí deseo descansar. Quiero que me entierren, Carlota, con este traje; es sagrado porque tú lo has tocado. Que no registren mis bolsillos. Ese lazo rosa. Ese lazo ha de ser enterrado conmigo. Están cargadas, dan las doce, se pues. Carlota, Carlota, adiós, adiós".
Es, sin duda, una novela deliciosa, fácil de leer, intensa en emociones, a veces poética y dulce, en la que empatizar con el joven Werther y su sufrimiento se consigue con naturalidad; y he aquí una advertencia: esta novela debería de ir acompañada de un prospecto que diga "no leer en caso de estar enamorado".
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